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Síntesis
Dios llama a cada bautizado a proclamar la Buena Nueva, confiando a todos este mandato misionero. Históricamente, dentro de nuestra Iglesia misionera, los carismas se han desarrollado para vivir esta misión en respuesta a las necesidades de los diferentes tiempos y culturas. En el momento histórico actual, el Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (DF), que ahora forma parte del Magisterio ordinario del Papa, ha reconocido el ambiente digital como una cultura, con dinámicas, lenguajes y modos de interacción propios. En esta perspectiva, el Sínodo afirma que «La cultura digital constituye una dimensión crucial del testimonio de la Iglesia en la cultura contemporánea, así como un campo misionero emergente» (DF, n. 149).
Todos nosotros, como bautizados, estamos llamados a llevar la Buena Nueva a las personas que encontramos en este entorno mediante enfoques misioneros que respondan a sus características específicas, aprovechando sus oportunidades y afrontando directamente sus retos y riesgos.
Siguiendo el camino iniciado por su predecesor, Papa León XIV invitó a los participantes en el Jubileo de los Misioneros Digitales y de los Influencers Católicos «a renovar el compromiso de alimentar con esperanza cristiana las redes sociales y los entornos digitales»[1]. El papa León XIV afirmó que «necesitamos discípulos misioneros que lleven al mundo el don del Resucitado; que den voz a la esperanza que nos da Jesús Vivo, hasta los confines de la tierra (cf. At 1,3-8); que lleguen a dondequiera que haya un corazón que espera, un corazón que busca, un corazón que necesita. […] buscar siempre la “carne sufriente de Cristo” en cada hermano y hermana con los que nos encontramos en internet»[2]. El Papa también subrayó que «debemos discernir cómo utilizar las plataformas digitales para evangelizar, para formar comunidades y para desafiar a los falsos dioses del consumismo, del poder y de la autosuficiencia»[3].
Durante ambas Asambleas sinodales, el Sínodo identificó un creciente llamado a comprender cómo la misión de la Iglesia puede vivirse mejor en esta era digital. Este tema se articuló en el capítulo 17 del Informe de síntesis de la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (IS, n. 17) y, de manera más explícita, en los párrafos 58, 59, 113 y 149 del Documento final.
Al Grupo de Estudio 3 se le confió la tarea de identificar formas concretas a través de las cuales la misión digital de la Iglesia pueda llevarse a cabo fielmente. Nuestro trabajo se centró en cómo la Iglesia ya está dando testimonio hoy en día y cómo puede seguir dando testimonio de manera más eficaz del Evangelio de Jesucristo en una época en la que los entornos digitales y físicos están estrechamente interconectados en todos los ámbitos de la vida social, especialmente entre los jóvenes. Esta revolución digital se sitúa en el centro de un cambio de época, que nos desafía a responder con fidelidad y a llevar adelante nuestra misión evangélica en este nuevo contexto[4].
De acuerdo con este mandato, nuestro Grupo ha tratado de abordar las preguntas[5] planteadas por la Secretaría General del Sínodo[6] sobre cómo la Iglesia puede aprender del entorno digital, interactuar con él y llevar a cabo allí su misión. Nuestro Grupo ha compartido estas preguntas con grupos y personas de diferentes orígenes en todo el mundo, reflejando el compromiso constante de la Iglesia con la escucha y el diálogo.
Es importante reconocer desde el principio que, incluso con esta amplia consulta, nuestras conclusiones son preliminares. La Iglesia está presente en el entorno digital desde sus inicios; sin embargo, fomentar este compromiso en todos los niveles de la Iglesia requiere tiempo. A medida que la tecnología digital sigue evolucionando, el discernimiento de la Iglesia sobre cómo vivir su misión sigue siendo un camino en curso, más que una tarea ya concluida.
Al mismo tiempo, hemos aprendido mucho a lo largo de nuestro amplio proceso sinodal de consulta y escucha. Este informe identifica muchas expresiones actuales de la misión en una época tan fuertemente caracterizada por la tecnología digital y la innovación continua, y extrae valiosas lecciones aprendidas hasta la fecha. Sobre la base de estos logros, ofrecemos sugerencias concretas sobre cómo la Iglesia puede seguir promoviendo la misión de anunciar el Evangelio en el mundo digital y vivir este nuevo capítulo de su historia misionera. Cinco temas estructuran nuestras recomendaciones:
- En primer lugar, el entorno digital no es simplemente un conjunto de herramientas que hay que dominar; es una cultura. Comprenderlo implica comprender cómo nos relacionamos unos con otros, cómo formamos comunidades y, en última instancia, cómo compartimos el Evangelio en un mundo cada vez más mediado por lo digital (cf. DF, n. 113).
- En segundo lugar, el compromiso digital permite escuchar, acompañar y dar voz a aquellos cuya voz no es escuchada, y es expresión de la misión social de la Iglesia. Hemos escuchado constantemente que el entorno digital puede ser un lugar donde las personas buscan sinceramente a Dios y expresan profundas necesidades espirituales (cf. IS, n. 17b). Por lo tanto, puede ser una forma de vivir la misión social de la Iglesia y una nueva dimensión de la opción preferencial por los pobres.
La visión del papa Francisco de una Iglesia «hospital de campaña», que sale hacia las periferias, se refleja en la labor de los misioneros en el entorno digital, dispuestos a responder a las personas que sufren. Los espacios digitales pueden convertirse así en lugares de auténtica conexión humana, no solo de intercambio de información. En su mejor expresión, el compromiso digital no sustituye a los encuentros presenciales, sino que puede conducir a ellos, enriqueciendo las relaciones y las comunidades. Como subraya el papa León XIV, «nuestra misión, la misión de ustedes, es nutrir una cultura de humanismo cristiano, y hacerlo juntos. Esta es la belleza de la “red”»[7]. - En tercer lugar, esta cultura digital requiere la misma intencionalidad, formación y espíritu misionero que ponemos en cada ministerio intercultural. Así como los misioneros a lo largo de la historia han aprendido idiomas, comprendido usos y costumbres y adaptado sus enfoques manteniendo la integridad del Evangelio, todos los bautizados están llamados a ser sal y levadura en esta nueva cultura, permaneciendo arraigados en la verdad, la bondad y la belleza de nuestra fe católica (cf. DF, n. 59).
- En cuarto lugar, en su mejor forma, el compromiso digital favorece naturalmente elementos de sinodalidad: escucha, participación y corresponsabilidad. En su mejor expresión, la interacción en línea ofrece oportunidades sin precedentes para escuchar voces diferentes por su procedencia, área geográfica y perspectiva - en particular aquellas que a menudo se marginan en los contextos eclesiales tradicionales. En su mejor expresión, la cultura digital puede reflejar algo de la propia identidad de la Iglesia como red de redes, expresando esa unidad en la diversidad que es el signo distintivo del Cuerpo de Cristo (cf. DF, n. 149)[8].
- En quinto lugar, al mismo tiempo, el entorno digital plantea retos inmensos. Conlleva grandes riesgos y está moldeado por algoritmos que pueden aislarnos en cámaras de eco y manipularnos; por modelos económicos que monetizan nuestra atención y monitorean nuestras acciones; y por dinámicas que favorecen la polarización en lugar de la comunión, y pueden alimentar el nihilismo y la violencia. Las mismas plataformas que hacen posible la conexión también pueden favorecer la deshumanización. Por eso, en la era digital estamos llamados a vivir nuestra fe con madurez y espíritu de oración en comunidades presenciales, alimentadas por los sacramentos, y a promover interacciones presenciales y digitales que respeten la dignidad humana, favorezcan el encuentro auténtico y den testimonio de la verdad en la caridad. Esto es especialmente cierto en el caso de los jóvenes, que a menudo se encuentran con la fe por primera vez en línea. Como advierte el papa León XIV, una fe descubierta exclusivamente en los espacios digitales corre el riesgo de permanecer «desencarnada», sin arraigarse en relaciones reales o en la vida de la Iglesia, y puede dejar a las personas «solos consigo mismos» en un aislamiento moldeado por los algoritmos[9].
Estas convergencias son el resultado de nuestro trabajo sinodal de escucha y diálogo con numerosas personas y grupos, entre ellos conferencias episcopales, personas involucradas en los procesos sinodales, académicos y expertos, jóvenes y aquellos que están comprometidos intencionalmente con la misión digital. Esta consulta sinodal ha dado lugar a una serie más específica de intuiciones y recomendaciones, que resumimos en detalle en el informe completo.
Como todo nuevo camino, la misión común en el entorno digital es un proceso en desarrollo. La Iglesia está aprendiendo sobre la marcha los retos, las oportunidades y los lenguajes que presenta esta cultura emergente. Conceptos como misión digital, sinodalidad en línea, jurisdicción, acompañamiento y discernimiento digitales requieren una mayor profundización para aclarar su significado teológico, pastoral y canónico. También es necesaria una reflexión continua sobre la formación y la implicación de quienes están comprometidos en esta misión digital. Este proceso de aprendizaje y discernimiento es, en sí mismo, una experiencia sinodal, mientras caminamos juntos para discernir cómo el Espíritu Santo sigue guiando a la Iglesia a encarnar el Evangelio con fidelidad y creatividad, haciendo de la cultura digital un espacio de encuentro, testimonio y comunión.
La misión en el entorno digital forma parte del proceso de conversión pastoral, misionera y sinodal al que el Espíritu Santo llama hoy a la Iglesia. No se trata simplemente de utilizar herramientas digitales para proclamar el Evangelio, sino de encarnar ese anuncio en la evolución cultural del entorno digital, donde las relaciones, los lenguajes y las formas de comunidad adoptan configuraciones nuevas y específicas. La presencia de la Iglesia en la esfera digital puede ser un signo de comunión y testimonio de esperanza, capaz de reflejar el rostro misericordioso de Cristo. Que este discernimiento contribuya a fortalecer una Iglesia más sinodal, participativa y misionera, fiel a su propia vocación de anunciar el Evangelio con creatividad y fidelidad.
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[1] León XIV, Discurso a los influencers y misioneros digitales, 29 de julio de 2025.
[2] Ibid.
[3] León XIV, Discurso a los superiores mayores de la Compañía de Jesús, 24 de octubre de 2025.
[4] Cf. Ibid.
[5] (1) Qué puede aprender una Iglesia sinodal misionera de un arraigo más profundo en el entorno digital; (2) De qué manera puede integrarse la misión digital de manera más estable en la vida de la Iglesia y en sus estructuras eclesiales, profundizando en las implicaciones de la nueva frontera misionera digital para la renovación de las estructuras parroquiales y diocesanas existentes (cf. IS, n. 17j); (3) Qué adaptaciones al entorno digital exige la noción de jurisdicción, tradicionalmente vinculada a un territorio geográfico; (4) Qué recomendaciones o propuestas prácticas existen en relación con la misión de la Iglesia en el entorno digital; (5) Si se desea compartir más aportaciones o buenas prácticas sobre este tema, o señalar otras cuestiones o retos que deberían abordarse en este proceso de estudio y reflexión.
[6] Secretaría General del Sínodo, Grupos de estudio para las cuestiones surgidas en la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, a profundizar en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana. Esquema de trabajo, 14 de marzo de 2024, sección 3: «La misión en el entorno digital».
[7] León XIV, Discurso a los influencers..., cit.
[8] Un ejemplo particularmente significativo de este enfoque es la iniciativa «Building Bridges», puesta en marcha en 2022 entre varias oficinas vaticanas y universidades de América del Norte y del Sur, en la que se invitó a los estudiantes a participar en sesiones de escucha al estilo sinodal entre los continentes, que culminaron en un diálogo virtual con Papa Francisco. Este modelo se amplió y replicó posteriormente, involucrando a estudiantes, profesores, pastores y universidades también en África y en la región de Asia-Pacífico. Véase S. Cernuzio, «El Papa dialoga con estudiantes de América del Norte, del Sur y Central para “tender puentes”», 21 de febrero de 2022, Vatican News, https://www.vaticannews.va/it/papa/news/2022-02/papa-francesco-incontro-giovani-universitari-america-loyola.html.
[9] León XIV, Discurso a los miembros del Organismo Consultivo Internacional de los Jóvenes, 31 de octubre de 2025.