Las familias, sujetos de la misión: la Iglesia que camina con ellas en la fragilidad

Las familias, sujetos de la misión: la Iglesia que camina con ellas en la fragilidad

 

Los días quinto y sexto del Encuentro “A diez años de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy” (Vaticano, 7-14 de octubre de 2026)

 

Los días quinto y sexto del Encuentro que reúne a los Jefes de las Iglesias Católicas Orientales y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales condujeron los trabajos a los dos temas finales: acompañar a las familias en las dificultades de la vida y la vocación misionera de las mismas familias cristianas.

 

Lunes 12 de octubre — En las dificultades de la vida: acompañar y sostener

Al abrir la jornada, el cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, recordó que, ante la fragilidad que experimentan las familias, Amoris laetitia invitó a la Iglesia a dar prioridad a la escucha, a evitar juzgar con demasiada rapidez y a dejarse sorprender por la acción de la gracia de Dios en la vida de las personas. Evitando todo espíritu de controversia, invitó a la asamblea a hablar con verdad de su propia experiencia y a continuar por el camino de misericordia abierto por el Papa Francisco tras el Sínodo sobre la Familia.

El cardenal Pablo Virgilio David, Obispo de Kalookan (Filipinas), compartió la experiencia de su Iglesia local. Lo que a primera vista parece una familia irresponsable o disfuncional, observó, puede verse muy distinto una vez que se entra en el hogar y se escucha su historia. La fragilidad de muchas familias no la producen solo las decisiones personales: la vida familiar también puede ser herida por la pobreza, la migración, la violencia, la adicción, el encarcelamiento, la injusticia y el trabajo precario. Por eso Amoris laetitia ha sido tan importante: no pide abandonar el ideal, sino acompañar a personas reales en la distancia a menudo dolorosa entre el ideal y su situación. La primera respuesta, recordó, no fue un programa sino una presencia, resumida en una sencilla indicación a sus misioneros: escuchar, dialogar, estar presentes. Porque “el acompañamiento no es simplemente lo que un sacerdote o un agente pastoral hace por una familia. Es lo que la comunidad cristiana aprende gradualmente a llegar a ser en torno a esa familia”.

La profesora Julie Hanlon Rubio ofreció una lectura complementaria. Busquen en internet “a couple looking…”, señaló, y encontrarán innumerables imágenes de una pareja que se mira a los ojos; es mucho más difícil encontrar una pareja que mira hacia afuera, y sin embargo esto es precisamente lo que propone Amoris laetitia: una íntima comunión de vida orientada a algo más grande. En 2026, el matrimonio y la familia se vuelven frágiles de maneras nuevas, con una fragilidad más profunda por debajo, vivida a menudo como sentimiento de indignidad y de falta de preparación. La fragilidad, sugirió, es a la vez una crisis y un rasgo de nuestra humanidad, y la visión que la Iglesia comunica no tiene por qué ser una visión de perfección: solteros o casados, con o sin hijos, divorciados, viudos o vueltos a casar, las personas pueden ser acogidas “en la puerta con los brazos abiertos” y tener la certeza de que no están solas.

 

Martes 13 de octubre — Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia

La última jornada temática se abrió con un momento de profunda comunión. Mientras el Papa León XIV ingresaba en el hospital aquella mañana, el cardenal Mario Grech leyó, en nombre de la asamblea, un mensaje al Santo Padre en el que se expresaba “nuestra cercanía y nuestro afecto”. Acompañándolo con la oración y deseándole una pronta recuperación, los participantes agradecieron al Sucesor de Pedro haber querido este Encuentro y haberlos animado a ponerse a la escucha de las familias y de los caminos de sus Iglesias: “Al continuar los trabajos, lo sentimos cercano y llevamos con nosotros su solicitud por las familias de todo el mundo”.

Al introducir el tema, el cardenal Kevin Farrell volvió a los fundamentos misioneros del amor conyugal y familiar. A través de la fe vivida, dijo, las familias pueden llevar la ternura de Cristo a quienes están solos o cuya vida está marcada por la fragilidad y la dificultad.

El cardenal Protase Rugambwa invitó a la asamblea a mirar a las familias cristianas no simplemente como destinatarias de la cura pastoral de la Iglesia, sino como sujetos activos de su misión. Tras diez años de Amoris laetitia, se preguntó, ¿qué hemos aprendido sobre la capacidad misionera de las parejas y de las familias mismas? La familia, observó, ha emergido como una verdadera encrucijada de toda la acción pastoral, donde se encuentran las generaciones, se transmiten los valores, se vive la fe y se forja el futuro de las personas y de la sociedad. De ahí una pregunta incisiva: en estos diez años, ¿se ha dado a las parejas y a las familias un papel más activo en la formación de seminaristas, diáconos y otros agentes pastorales? Ofreció la experiencia africana de la Iglesia como familia, y la realidad de las Pequeñas Comunidades Cristianas, como modelo vivo de misión.

La señora Véronique Lonchamp desarrolló la misma convicción. Las familias cristianas, recordó, no son meras destinatarias de la cura pastoral, sino “las principales protagonistas de la pastoral familiar”: su contribución reside ante todo no en lo que hacen, sino en lo que son. Cuando la vida cotidiana se convierte en un lugar donde el Evangelio toma carne en las relaciones, los gestos y las pruebas, las familias hacen visible el amor de Cristo por su Iglesia, y esta es su primera misión. La familia, “célula vital para transformar el mundo”, irradia mucho más allá del hogar, en los lugares de vida, de trabajo y de compromiso, incluso allí donde la Iglesia está poco presente. Si las familias son verdaderamente sujetos activos de la misión, concluyó, la pregunta se vuelve sobre la Iglesia misma: la cuestión no es solo lo que la Iglesia puede hacer con ellas, sino lo que la Iglesia recibe de ellas, porque cuando las familias son reconocidas como verdaderas protagonistas de la misión, ayudan a la Iglesia misma a volverse más sinodal, misionera y atenta a las personas.

En ambas jornadas, a las sesiones de la mañana siguieron los trabajos en grupos según el método de la Conversación en el Espíritu y, por la tarde, momentos de intercambio libre entre los participantes a partir de los informes de los relatores.

Concluidas las cinco jornadas temáticas, el Encuentro se encamina a sus momentos finales, llevando en la oración al Santo Padre y a las familias del mundo entero.

Todos los textos y fotos de la reunión están disponibles en varios idiomas en www.amorislaetitia.va

13 octubre 2026, 18:30